(C506) Cuentos cortos: La espada del sueño “Los mercenarios”

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El joven Eiji cabalga veloz, atravesando la región de Kyukoku, atormentado por  terribles recuerdos. A medio día de camino, hacia el este, seis soldados aguardan en un tramo solitario, entre sombras de abetos y sauces, en silencio, esperando a su inexperto líder.

Los briosos caballos de combate sobre los que montan, permanecen quietos pero alerta, bufando y golpeando el suelo ocasionalmente. Aquellos hombres, ataviados con armaduras completas, llevan consigo un estandarte, el estandarte de los rebeldes de Masanori.

Diecisiete años han pasado desde que estos seis formaron parte del ejército privado del Señor Katsuro, terrateniente rebelde que se oponía al control de la poderosa y nefasta Coalición de Clanes, una agrupación cuyo propósito era el enriquecimiento, la dominación y sumisión de los habitantes de la región. Pero se tornaba difícil notar aquella intención siniestra que imponía la coalición, ya que se confundía con sonrisas en festejos e invitaciones de licor, se camuflaban con pequeñas ayudas, unos granos de arroz por aquí, algunos cerdos entregados por allá…

La mayoría de estos bienes eran robados a granjeros que no simpatizaban con el monstruo violento, desalmado y codicioso que representaba la coalición. Estos pequeños hacendados simplemente eran desaparecidos con sus familias, encarcelados o vendidos como esclavos, mientras tanto sus bienes eran dados con gran pompa a otros, quienes eran considerados ciudadanos fieles a la coalición. Ellos, se encargaban de dar un mensaje, una suerte de propaganda, “la Coalición nos ayuda”, comentaban entre los pobladores, -nos ayudarán a todos- insistían… De esa forma ganaban adeptos, seguidores dependientes de sus semillas de ajonjolí y de su opio traído del continente. Luego de corromper y comprar algunas lealtades, numerosas bandas criminales surgieron inexplicablemente… asaltaban y asesinaban indiscriminadamente, las violaciones y abusos se sucedían muy a menudo y estos actos, se encargaban de mantener los caminos desolados y a las poblaciones aisladas, mientras en las aldeas y villas la Coalición ejercía su fuerza sin piedad, sobre todo aquel que se oponía a su ley.

Un hombre alto, de vestimenta obscura y mirada abyecta, camina por el pasillo de madera del Palacio de las Flores, dirigiendose a una sala en donde se celebra una reunión, es General del ejército y tiende a observar al resto de los mortales como si fueran insectos.

En la junta, se dirige  a los asistentes.

El renegado no acepto nuestra propuesta.

-declamó ante los planificadores que se encontraban allí reunidos-.

Daichi… ¿le advertiste de las consecuencias? -espetó un anciano  oculto parcialmente tras una sombra .

Por supuesto, pero es terco… agregó el General Daichi.

¡No toleraremos más subversiones! -exclamó de nuevo el anciano en las sombras-

¡Envía las tropas!…- ordenó-…

Así fue como con gran envanecimiento, ingentes ejércitos se enviaron al Palacio del rebelde hacendado llamado Katsuro, para convencerlo de unirse… Mas allí, ocurrió una gran matanza. Aquel rebelde gobernador fue muerto en batalla, con la mayoría de sus huestes y el feudo fue tomado por la coalición. Sin embargo, algunos escaparon heridos y humillados de la aniquilación, lamentablemente varios de ellos murieron en el camino, a causa de sus heridas, otros, no soportaron la ignominiosa derrota y cometieron suicidio… a excepción de seis, quienes se mantuvieron firmes en la búsqueda de aquel aliado…

En el claro de un bosque, un grupo de hombres maltrechos descansan y curan sus heridas como mejor pueden…

Aparte, dos dialogan, alejados del resto.

¡Keiichi!…

Hideaki me pidió asistencia para su cometido -dijo uno con mirada dura, como la de aquellos que han vivido muchas batallas y han perdido algo, algo casi irrecuperable…  Su rostro anguloso y nariz aguileña lo hacía notoriamente diferente a los demás.

Keiichi asintió con la cabeza, seguidamente, sacó de una bolsa de cuero crudo, una piedra para afilar.

¡Isao toma! -dijo- Y le arrojó la piedra.

Afila bien tu espada, Hideaki es un amigo… luchó con honor… Isao tomó la piedra y su sable y se los entregó a Katashi

Por favor amigo -le dijo- prepara este sable. -El armero afiló el acero y lo entregó de nuevo a su dueño.

Algunos metros más allá del claro, a la sombra de unos sauces, Hideaki se prepara para el suicidio, los pájaros cantan alegremente pues la mañana se presenta hermosa y soleada. Isao, se acerca y permanece a su lado, esperando pacientemente. En determinado momento se escuchó un sonido gutural y el importunado comienzo de un grito desesperado… Isao levanta rápidamente su espada y antes de que el grito del moribundo sea más fuerte… asesta un golpe certero. La cabeza de Hideaki rueda por los suelos, mientras su cuerpo cae pesadamente contra el árbol que le daba sombra, la sangre brota de sus arterias y mancha el tronco y el tapete en el que estuvo arrodillado, su cabeza luego fue recogida e incinerada junto con el cuerpo del guerrero en una pila funeraria que ardió toda la noche. A la mañana siguiente prosiguieron su marcha, algo estaba claro, cada vez eran menos…

Notas del autor: 

Estos son los seis mercenarios que acompañan a Eiji en su lucha.

Isao: es el estratega militar, un soldado serio hecho en batalla y muy hábil planeando ataques y emboscadas. Como el Señor Masanori, Isao también pierde a su esposa y al primogénito a manos de la Coalición, pero de la hija no se recupera su cuerpo, Isao, sospecha que fue vendida como esclava y la busca constantemente.

Rokuro: Es un hombre de noble corazón. Un poco regordete y glotón, come de todo y es fuerte como una roca, gran conocedor de la pesca, cocinero y buen consejero en asuntos “caseros”.

Keiichi: junto con Isao se encarga de liderar las intervenciones armadas, pero a diferencia de él, Keiichi aún tiene familia, de la cual nunca habla, para no exponerlas con sus enemigos, es muy hábil con el sable y muy buen tirador con arco y mosquete, suele ser un líder, el equipo suele apoyarlo en sus decisiones… aunque alguna veces no…

Takehiko: Es un ninja taciturno, versado en las artes obscuras, conocedor de antiguos hechizos, su rostro siempre está oculto tras una máscara negra que solo deja al descubierto unos ojos blancos y refulgentes, su edad es desconocida, nadie parece recordar su nacimiento o algún momento en el que no estuviera, es muy hábil en el arte del sigilo, en batalla se le ha visto lanzar masas luminosas de sus manos, derribando a los oponentes que se encuentren cerca.

Hiro: Es despreocupado y mujeriego, suele gastar su dinero en salas de té, bebe alegremente y es jugador y apostador, la Coalición lo busca por robo de opio y pende una sentencia de ejecución sobre él si lo atrapan. Sin embargo, Hiro es un gran guerrero y conoce algunas personas en los barrios bajos que resultan de gran beneficio.

Katashi: Es el armero y maestro forjador, repara y diseña armaduras, armamentos y dispositivos capaces de desafiar la física en ocasiones. Posee conocimientos de ingeniería muy avanzados para su tiempo y suele entrar en una especie trance cuando La Espada del Sueño lo llama. Es el más cercano a Eiji, algunos dicen que también es hijo del Señor Masonori.

León Bonet 13/12/016

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