(C506-Cuentos cortos) Nadida Piratas de libertad: 1. La carnicería

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Esta es la segunda de una serie de partes, si quieres leer la primera parte puedes verla al final de este artículo.

Aquí, como en el resto de puertos que he visitado en mi corta vida, parece que la magia residual también contamina el aire. Puedo sentir la pequeña vibración de miedo, pero hay algo más en este remanente, es una pequeña incomodidad, algo no me gusta, me asquea este aire. Extraño el viento salino y limpio de alta mar.

Camino entre las calles sucias por el fluido de los pescados, entre los gritos de mercaderes, marineros y borrachos. La taberna, el mejor lugar para encontrar un trabajo y para dormir.

Yojo forastero, tenemos las bebidas más intoxicantes de la costa– Me dice el cantinero de gran nariz, bajito y con un ojo blanco –Además del dulce placer de la compañía– Señala con su ojo negro a una esquina, mientras el blanco, aunque parece ciego, me mira fijamente.

Vuelvo a ver hacia la esquina y hay una mesa junto a la escalera con mujeres escotadas, parecen ser humanas, halflings y otras razas. Se ríen y me miran sensualmente. Mi corazón se estremece de rabia, pues no puedo evitar recordar las historias de Ty la Azul. Antes de ser rescatada por Nadie, el mentor de Bonn, era prostituida desde niña en la taberna de un puerto. Sabía el arte del engaño, su máscara de sonrisa y deseo ocultaba su interior; le corroía el miedo, la inseguridad, la tristeza y la ira.

Dormían en una pequeña habitación, casi no comían por miedo a engordar y por el asco de sentir su boca sucia por el semen que se les obligaba a tragar. A la hora de salir le llamaban la carnicería, pues no eran más que trozos de carnes dispuestos en una vitrina para satisfacer la lujuria de la clientela.

Entre las muchachas pude ver una más joven de lo habitual. Trataba de sonreír, pero el miedo se notaba en su mirada. Una de ellas trató de esconderla sentándose sobre la mesa. Mi sangre hierve, no soporto ver el sufrimiento de la esclavitud disfrazada y legalizada. Definitivamente era la esquina de la carnicería. ¿Podré hacer algo?¿Qué haría Bonn?

Ni lo intentes niño– Me dijo el barista, señaló su ojo ciego y continuó
Este ojo no es capaz de ver los cuerpos, pero ve las emociones de las personas. Si vas a buscar problemas es mejor que te largues de este puerto cuanto antes

Jugo de Frelón por favor
Crees que eres rudo. Los niños como tú terminan siendo comida para los octoburones
Sabes que es ilegal prostituir con niñas

El rey pasó esa ley hace nueve meses, cuando su hijo se enamoró de una pequeña prostituta. Así el joven príncipe fue visto como un héroe y no como un pedófilo.

¿De dónde vienes ingenuo?– Puso la jarra con fuerza sobre la mesa
Esas leyes solo son habladurías, hechas para crear una ilusión de orden y moral social. Todos sabemos que no significan nada

Desearía tener el silbido de libertad de Bonn, su fuego y determinación en mis ojos. Solo no podría hacer nada contra el barista y esta gente, aún no sé nada de la ciudad y sería un escándalo. Lo siento niña, tendrás que esperar un tiempo. Me levanté de la barra, junto a la puerta estaba un cartel con el rostro dibujado de Bonn y la palabra “Se busca”. Miré hacia atrás.

Caballero, créeme, alguien como yo te sería más placentera, conozco a los de tu tipo bien
Cállate, el hombre ha trabajado mucho y merece disfrutar un poco– Gritó el tabernero mientras empujaba a la niña hacia un guarda de la ciudad.

Yo te cuidaré pequeña– Dijo el guarda con una risa asquerosa.

Me quedé en la puerta mientras subían las escaleras, el ojo blanco me vio fijamente.

¿Qué vas a hacer? ¿Matarnos de aburrimiento con tu violín?– La gente de la taberna se rió al unísono, solo las damas de la esquina me vieron con tristeza.
Aún no– pensé.

****Continuará****

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