(C506) Cuentos Cortos: ‘Represiva Bienvenida’ (cont. ‘La Espada del Sueño’)

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Anteriormente en ‘La Espada del Sueño’.

Los Ronin sobrevivientes de la matanza en tierras del Señor Katsuro, huyen mal heridos, moribundos y humillados, en busca de un aliado.

Muchos los considerarían cobardes o ilusos, mas ellos se consideraban listos, viajaron lenta y pesadamente, ocultos en lo profundo de los bosques, pernoctando en cuevas o sobre las ramas de los árboles, alimentándose de la pesca ocasional y la caza de reptiles, en esos días, dos más murieron a causa de sus heridas.

Aquella mañana, en un camino enlodado por las lluvias se dibujan a lo lejos, en el horizonte, las figuras famélicas de dos jamelgos, cargando en sus cansados lomos a igual número de jinetes moribundos quienes a duras penas se sostienen sobre las monturas. Al lado, cuatro hombres caminan exhaustos llevando a las bestias por las riendas.

¡Rokuro mira! En la colina, ya nos vieron… -dijo uno de los caminantes-

Si… los vi Keiichi

¡Prevenidos! -Alertó Rokuro a los demás-

Con gran estrépito se aproxima en furibundo galopar una patrulla que los obliga a detenerse, se trata de varios mal encarados comisarios que los interceptan vociferando.

Uno grita -¡Alto ahí!- amenazándolos con una lanza.

Rokuro y los demás se arrodillan e inclinan sus cabezas.

¡Venimos en paz! A solicitar audiencia con el Señor de estas tierras -exclamó Rokuro-.

Tres de los gendarmes desmotan, siempre en guardia, amenazantes, proceden a requisar a los forasteros.

No encontraron arma alguna…

Pregunta un guardia que parece ser el jefe de la tropa. – ¿Qué pasa con estos? Señalando a los moribundos que yacían en los caballos.

Están heridos, requieren atención médica. -dijo Keiichi-

¡Cállate! -Gritó uno de los gendarmes mientras le golpea en la cabeza-. No te preguntó a ti ¡Inepto! -agregó-

Es cierto mi señor -intervino Rokuro- están gravemente heridos.

¡Me estás engañado! Deben estar enfermos, -aseveró el oficial al mando, mientras se aleja de ellos temeroso de algún contagio- ¿intentas traer la plaga a las tierras del Señor Masanori? ¡Andrajoso pordiosero! -exclamó el guardia-. Al escuchar el nombre del terrateniente de aquel lugar, Rokuro y Keiichi se dan cuenta  que han llegado al lugar que buscaban.

Oh no señor… hemos sido atacados… expresó rápidamente Rokuro.

En ese momento el guardia abusivo de la lanza, levanta la mano preparándose para asestar otro golpe a la cabeza de Keiichi, aunque este no hubiese dicho nada. De pronto, se escuchan de nuevo los cascos equinos de otra comitiva que se acerca lentamente por el embarrilado camino. Los oficiales reconocen de inmediato el estandarte del señor del feudo y cesan en su abuso.

En momentos… un excelente caballo blanco se acerca junto a dos jinetes más, los custodios se separan un poco de los detenidos, sus rostros palidecen al percatarse de que es el Señor Satoshi, hijo primero del regente, que se dirige a los campos de entrenamiento.

¿Qué sucede acá? -preguntó el noble al llegar-

Señor hemos detenido a unos intrusos, -gritó el guardia con la intención de ser notado-  de inmediato tomó a Keiichi por las ropas y lo lanzó a las pesuñas de la bestia que montaba el príncipe, el animal reaccionó violentamente, provocando que su jinete casi terminará en el suelo.

Andaban merodeando -agregó el soldado-.

Keiichi se levanta del lodo y permanece allí, con una rodilla en el suelo,  golpeado,  sucio y humillado… la mirada del ex samurái, detrás de las gruesas capas de cieno negro, contenía una gran ira, una… casi a punto de estallar… sus compañeros lo observan atentos y en silencio, mas Keiichi es un soldado y un estratega; y el control y la experiencia le aconsejan no responder, sabe que sus fuerzas son limitadas, se encuentran prácticamente sin armas, además está el ninja, sus ojos despertarían suspicacias, seguramente significaría nuestra muerte – pensó-

El Señor Satoshi maniobra el animal en un intento por no caer; a la vez que mira al gendarme casi con pena.

¿Qué hace soldado? -Pregunta airado-

Lo siento Señor Satoshi -dijo el insólito guardián- sin embargo, no parecía entender bien las consecuencias de sus acciones… simplemente posaba sus ojos en algún lugar del horizonte, que solo él veía… parecía esperar una recompensa, como un perro esperando un hueso.

¿Quiénes son y a qué han venido? Preguntó el noble a los detenidos.

Rokuro habló.

Somos la guardia del Señor Katsuro, regente de la Tierras del Trueno. Hemos sido atacados por la Coalición de Clanes. El Castillo del Resplandor ha sido tomado, el Señor Katsuro… y toda su familia… fueron asesinados allí… el Señor Katsuro nos habló antes de su muerte acerca del Señor Masanori y de una antigua amistad entre los dos Clanes, dijo que el Señor Masanori no dudaría en honrar esa amistad, también nos dijo que en estas tierras, encontraríamos aliados, somos buenos luchadores y buscamos  justicia y honor.

Así habló Rokuro.

Muéstrame el brazo -reclamó Satoshi Sama-

Rokuro levantó la manga de su brazo derecho mostrando el tatuaje del Clan del Trueno.

Satoshi observó la marca, luego miró a sus comandantes y les dijo en vos baja.

Avisen a mi padre que Katsuro ha muerto; y lleven a estos hombres a las casas de curación y aseo, que los atiendan y preparen”.

Después se dirigió de nuevo a los custodiados y les dijo:

Muy bien, conozco esa marca, serán atendidos y llevados ante mi padre Masanori Sama.

Pero Señor…son extraños… -balbuceó el guardia abusivo-

¡Silencio soldado! Estos hombres serán custodiados por mis comandantes.

Y así, fueron llevados a las casas de aseo y curación. Cuando llegaron a las afueras del inmueble, se llegó a una casa hecha de madera y bambú que se encontraba suspendida sobre el suelo con pequeños pilotes de madera, una puerta corrediza y un único escalón conduce a un corredor de tablones.

Súbitamente, los hombres que parecían moribundos sobre los caballos se levantan muy tranquilos y desmotan sin ningún problema. La guardia que los escoltaba quedó sumamente sorprendida, pero resultó aún más sorprendida al observar los ojos blancos y resplandecientes del ninja conocido como Takehiko; hubo gran revuelo y agitación, algunos de los guardias cercanos a él, se hicieron para atrás atemorizados tropezando con unos fardos, dos que tres cayeron al suelo y otros tantos gritaron ¡Un Demonio! Las mujeres que atendían a los otros corrieron aterrorizadas.

En este punto es importante decir que a Takehiko le es imposible controlar el resplandor de sus ojos, se tornan blancos cuando se siente amenazado, acorralado, iracundo o si desconfía, en caso contrario son de un negro profundo bastante normales. Sin embargo no era fácil ganarse la confianza de Takehiko, especialmente por lo acontecido con los guardias y Keiichi, momentos antes.

Fue tal el alboroto que Rokuro tuvo que intervenir y apaciguar los ánimos, tratando de convencer a la temerosa soldadesca: que el Señor Masanori le conocía desde antes, y no es un ningún demonio es un amigo -dijo Rokuro quién había empezado a reír  nerviosamente- … aún así algunos gendarmes intentan amagues de lucha, pero se arrepienten al ver aquellos ojos terribles y demoníacos y no pueden evitar huir. Takehiko no mueve un músculo ni dice palabra alguna; sin embargo, la imagen de aquellos soldados corriendo, tropezando entre ellos y dejando sus espadas y lanzas tiradas, desesperados y aterrorizados, no puede más que provocar una enorme carcajada en Rokuro, que la contagia al resto, de pronto todos reían, tal vez por lo jocoso de la escena o tal vez por el desahogo de haber llegado a tierra amiga, aquella risa relajó el ánimo de Takehiko y sus ojos volvieron a la normalidad.

Entran por sus propios medios a una pequeña sala en donde se encuentran: un médico y dos asistentes, quienes no vieron nada pero escucharon la conmoción, expectantes con sus ojos inmensos y asustadizos, pero al entrar los hombres no parecen muy amenazantes, más bien relajados y divertidos, así que los galenos no se preocupan y empiezan sus curaciones. Contiguo a esta pequeña sala, se encuentran otra un poco más amplia, en donde se realizan las abluciones, allí aguardan algunas mujeres para realizar los ritos del baño. Al poco tiempo, aparece en la estancia de nuevo la soldadesca, esta vez con refuerzos; sin embargo, no encuentran al demonio que describen los reportes y se retiran intrigados, mientras Takehiko disfruta del baño y de algunas geishas pasando desapercibido.

La noche llegó pronto y en la mañana se realizó la audiencia con el Señor Masanori, este reconoció a Takehiko, y pronto quedó enterado de las malas nuevas con lujo de detalles. Lamentando la partida de su amigo, acogió a los Ronin, al transcurrir de los años los puso a prueba en repetidas ocasiones y fueron dignos.

Pero en su pensamiento sabe que la C.C. se acerca rápidamente y deberá tomar grandes decisiones, decisiones que pudieran ser funestas.

León Bonet 29/12/2016

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