(C506) Un juego sobre éxito.

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“Git Gud”, “Prepare to Die”, “el juego es injusto”… Piensen en sinónimos. Toda clase de frases como éstas, pululan en los espacios geeks sobre la saga Souls (Dark Souls + Demon Souls + Bloodborne).

Hasta la propia campaña de mercadeo del primero de la saga, lleva en su título el infame Prepárate para morir, y se une a esta manía propia del que los fans de la saga alardean. Habla mucho de un juego, el que entre los propios usuarios se reten a vencerlo en condiciones adversas.

¿Adonde quiero llegar con esto? A un simple hecho. Los juegos Souls son juegos dedicados al éxito. No estoy diciendo esa hablada de basura que hay en muchos rincones de internet de que “darck souls es fácil si pierdes es que eres muy manco xd git gud” para nada. Existen elitistas que se creen Chuck Norris por el simple hecho de no morir contra Ornstein y Smaug, y ésto no es así. En la saga Souls, se muere. Se muere incontables veces. Una cantidad increíble de ellas, es algo inevitable, es algo que siempre está a la vuelta de cada esquina. Es un trámite necesario, y de la misma importancia que las almas o el equipamiento que tengamos.

Sin darse cuenta, Miyazaki creó un nuevo género con su revolucionaria saga. Echémosle un vistazo a Nioh, a Lords of the Fallen y a muchos más; suele llamárseles “el Dark Souls de…” y no le dan su respectivo mérito individual. Pero algo que olvidan los desarrolladores que toman de la saga Souls, es que lo que la hace única no es su brutal curva de aprendizaje o enemigos monstruosos, sino su diseño de nivel. Dark Souls te hace respetar el entorno, quieras o no. Dark Souls deja claro quién es el jefe, y que debemos andarnos con cuidado en todo momento y para nada jugar de vivo, como diríamos en Costa Rica. Que lo diga este gif.

El nivel mismo es otro personaje en Dark Souls. Desde Oolacile hasta las Catacumbas de Carthus, debemos profesarle extremo respeto y cuidado, y pensárnoslo dos veces antes de optar por el camino rápido o tomar el suculento tesoro que ante nuestras narices parece estar. En espera de que no sea una farsa, claro está. La campaña de mercadeo y la comunidad de jugadores parecieran sólo fijarse en eso de que Dark Souls es imposible, de que vas a morir, de que es un juego lento y de práctica. Sí, mueres, mucho. Pero te levantas una y otra vez dispuesto  a patearle el trasero de aquella aberración que te hizo ver la gloriosa pantalla de YOU DIED en más de una ocasión. Ahí está su perfecto balance de jugabilidad: por un lado puede parecer brutal, pero por otro, siempre da al jugador todas las herramientas para ganar, y deja claro cada vez que perdemos que es nuestra culpa y nada más. El camino y curva de aprendizaje de la saga Souls es tortuosa, sin duda alguna, pero, hay que admitirlo; ese sentimiento de recompensa al acabar con un duro jefe es increíble; pues la gloria es única para nosotros y nadie más. Pero esto no nos vuelve exentos a cometer errores.

¿Cuántas veces rodamos en el momento equivocado? ¿Cuántas veces continuamos el combo sin saber que el jefe iba a acometer cuando no lo parecía? ¿Cuántas veces morimos por apresurar el paso? Todas estas son señales del juego, con el espíritu de fantasma blanco de Miyazaki diciéndonos hasta la extenuación: No, hijito. Esto no se juega así. Quedaría siendo una verdad que la saga Souls no es para todos. Talvez no todos tengan el tiempo o no entiendan como leer el juego, o simplemente se caguen en los pantalones y se sientan impunes cuando vean algún jefe en todo su esplendor. Como yo, en una experiencia que escribo a continuación.

Uno de mis jefes favoritos de la saga, son los Abbyss Watchers. Recuerdo la primera vez que me vi las caras con ellos. A duras penas y muchos tragos de Estus le había bajado la vida al primero; cuando llego otro igual y se dieron a la guerra conmigo sin avisar. “¡Es injusto!”, pensaba. Cuando después de algunos intentos logré acabar con la pandilla, sale este bicho-aberración consumida por el abismo -con un genial sombrero- y se traga las almas de todos sus compañeros, hace renacer su espada con una enorme flama y dota a a toda la gracia de sus acciones, estocadas y overheads de una mortífera belleza. Yo había muerto desde el principio. Mientras lo veía venir, sólo pensaba:

“¿Y cómo putas voy a poder contra ESO?”

Pero luego, aprendí a leerlo, me dí cuenta cuando debí atacar, y esas ventanas vulnerables que los Guardianes de Farron me ofrecían, con la práctica se fueron volviendo más y más visibles; al punto de que un NG+ fueron presa fácil de mis habilidades. De presa a depredador. Con todos los jefes y con todos los entornos pasa esto. Es un ciclo, y aunque puede que sepamos algunas de las arteras mañas que el juego emplea en nuestra contra, igual no dejamos de caminar cada esquina con el escudo arriba… Sólo por si acaso. Primero, mueres un par de veces, segundo, renaces como el Fénix, dotado de una agilidad y habilidad increíble hecha para acabar con todo lo que previamente te había hecho añicos. La saga Souls es esa frase, es éxito.

Estoy seguro que ahora a los Abbyss Watchers les tiemblan las rodillas cuando me ven pasar por el umbral de su gigantesca puerta. Ya lo había dicho Charles Bukowski una vez: “Lo más importante es saber cómo atravesar el fuego.”

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