Los aficionados a los comics tenemos una gran diversión con nuestras viñetas. Disfrutamos de la lectura, nos lo pasamos muy bien con las historias que nos narran.

Pero la diversión que experimentamos no está exenta de algún que otro contratiempo, y así ha sido durante toda nuestra vida. Los lectores de comics, tan majos, tan pacíficos, también tenemos nuestros enemigos, no por nada en particular, si no por la misma naturaleza de cualquier ecosistema.

Los principales son:

Padres y madres

Cuando eres pequeño, y empiezas a leer, no es difícil que te aficiones a los comics, ya sea por los colores, o por las fantásticas historias que contienen. Pero esa afición temprana lleva incorporada muchas veces la oposición familiar, por lo que la lectura adquiere un aire clandestino que hace más atractiva la afición en sí. Hay que luchar sin ceder terreno, por que los comics no acaben en la basura o entre llamas. Había que esmerarse para que las notas no bajaran y los cómics no fueran la cabeza de turco. También había que introducirlos de forma oculta y mantenerlos ocultos en un zulo o donde fuera, lejos de la vista de los padres, nada aficionados a esas lecturas. Años de aprendizaje en muchos sentidos.

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Perros y gatos

Son uno más de la familia, son adorables y los queremos, pero a veces… A veces nos fastidian en alguna que otra cosa. Estás confiado haciendo otra cosa, y de repente un peligroso silencio, o un sospechoso ruido, te giras y ves a tu perrito masticando páginas de una novela gráfica, lo que llena de horror tu corazón. No puedes hacer nada más que rascarte el bolsillo, comprar otro ejemplar y andar con más cuidado. Con perros y gatos hay que andarse con ojo y tener los comics a buen recaudo, casi en una caja fuerte. Lejos de sus tiernas miradas y de sus destructoras bocas. Hay que mantener bien lejos de ellos los cómics, para que el perro no se coma las páginas, y el gato no se afile las uñas en sus portadas, un drama no todos comprenden.

Niños pequeños

Hijos, sobrinos y otros niños visitantes. Que majos el los. Lo malos es cuando se arman de rotuladores y te pintarrajean de colores los ejemplares en blanco y negro, como los viejos Aventuras Bizarras. Es que los niños no tienen la inhibición de no mancharse, y cualquier comic puede acabar cubierto de mermelada, papilla, o similar, para nuestro disgusto. Así que una vez más, cómics fuera del alcance y las vistas, para evitar amagos de infarto.

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Manazas

No por no tener mala intención deja de haber peligro. Éstos seres quieren leer y respetar los cómics, pues a muchos de ellos les gustan. Pero la naturaleza se impone, y la de estas personas lleva a que el cómic se arrugue, se doble, rompa, o acabe con cercos de café, con la consiguiente apoplejía.

Integristas intelectuales

Con éstas personas no peligra el comic físicamente, pero si el acto de leerlos, acto que consideran una aberración. Y eso te lo hacen saber a viva voz, en el ratito que no están hablando de sus propias lecturas o de su pintor de cabecera. Te ponen verde en cuanto sale conversación de comics, por lo que cuando vienen los guardas, no para que no se rompan, si no para que no los vea, no se enajene, ni se ponga más pesado de lo habitual.

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Éstos son los principales, pero hay muchas más variantes, y combinaciones. Mantener la afición por los comics es más duro de lo que parece, y hay presiones externas, hay que mantener una fuerte voluntad para sortear a los enemigos naturales del cómic.

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