El último viaje: una travesía cálida y a paso lento

The Last Journey ha hecho historia en Suecia, convirtiéndose en el filme de corte documental de su país más taquillero de todos los tiempos. En un país con una rica tradición en el género, este éxito rotundo no es casualidad.

Parte de su atractivo radica en la popularidad de sus directores, Filip Hammar y Fredrik Wikingsson, mejor conocidos como “Filip & Fredrik”. Con más de dos décadas en la televisión sueca, este dúo ha cautivado al público con su humor particular.

Esta vez nos sorprenden con una sensibilidad más introspectiva. The Last Journey es un ejercicio de memoria, amor filial y el paso del tiempo, narrado con la calidez de quien desempolva un viejo álbum de fotos. Te contamos más sobre esta maravillosa historia.

Sinopsis

Todo comienza en casa. Lars Hammar, el padre de Filip, llega a la edad de jubilación tras cuatro décadas como profesor de francés. Con su boina característica y su inconfundible camisa tricolor, enseñaba no solo conjugaciones, sino un modo de vida, condimentado con ratatouille casera (“la mejor de Europa”, aseguraba) y canciones de Georges Brassens.

Ahora, el retiro lo encuentra sin un aula que iluminar y sin un propósito claro. Para Lars, no trabajar es no ser útil. Pronto, su vitalidad se apaga y su familia teme que esté cayendo en una depresión.

Es entonces cuando Filip y Fredrik conciben un plan audaz: un viaje de regreso a Beaulieu-sur-Mer, el rincón de la Riviera francesa donde la familia solía vacacionar. La idea es reconstruir aquellos días dorados, recrear el pasado como si se tratara de una cápsula del tiempo.

Nuestra crítica

Acostumbrados al cine conmovedor holywoodense, pensaríamos que esta historia sería otra más con un guion que busque forzosamente al sentimentalismo, sin embargo, esta entrega presenta originalidad y calidez.

No fue necesario recurrir a chistes forzados, y sí, hay chistes pero son chistes casuales como los que se hacen en familia, o con tus amigos, sin ser rebuscados.  Además, la banda sonora en ningún momento fue cliché, pues recurrió a un entretejido entre la trama, y la letra de las canciones.

Como algunos momentos memorables: Lars cruzando la frontera francesa con un jubiloso “¡Vive la France!”, visitando la tumba de Georges Brassens, entonando “Les copains d’abord”, reflexionando sobre la muerte sin dramatismos (“No me asusta; me estoy preparando para ella”) o protagonizando una acalorada discusión en medio del tráfico (“¡Libertad francesa!”).

The Last Journey no es solo un documental. Es un homenaje al paso del tiempo, al vínculo entre padres e hijos y a la eterna búsqueda de significado, incluso cuando la vida nos obliga a detenernos.

Una oda a la memoria, a la pasión por enseñar y a la magia de los recuerdos que se niegan a desvanecerse. Desde luego que te invitamos a ser testigo de esta maravillosa historia donde a paso lento y cálido, comprenderás que a veces dejamos más de lo que pensamos.

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