“La Posesión de la Momia” resulta ser una propuesta bastante fresca que le da la vuelta por completo al cliché de las aventuras y las típicas maldiciones de sarcófagos que ya se han visto mil veces. En lugar de irse por la fórmula de siempre, la trama se inclina hacia un tono mucho más lúgubre y un suspenso que no afloja, manteniendo a la audiencia al filo del asiento de principio a fin, sin escenas de relleno que aburran.
La visión visceral de Lee Cronin
Gran parte del acierto de esta cinta recae en el trabajo de Lee Cronin en la silla de director. Se nota una intención clara de alejarse totalmente del tono de acción para devolver a la figura de la momia a sus raíces más crudas de horror visceral y psicológico. Al situar el terror en el núcleo de una familia que vive una auténtica pesadilla, el cineasta logra construir una atmósfera pesada y asfixiante. Su estilo destaca por una habilidad tremenda para retorcer la historia, apostando por elementos de body horror que incomodan visualmente y llevan la premisa hacia algo mucho más perturbador de lo habitual en el género.
Tensión, sustos y momentos grotescos
Además, la película cuenta con pasajes bastante grotescos que logran su objetivo de asquear e incomodar a la perfección, junto a sustos repentinos muy bien colocados. Ningún sobresalto se siente barato o metido a la fuerza; al contrario, la dirección sabe aprovechar al máximo la intriga para atrapar al espectador de forma paulatina en la tensión constante que viven los personajes.
Un cierre que se queda contigo
El desenlace merece una mención especial, ya que es de esos cierres que, sin necesitar de grandes exageraciones o excesos de efectos, sueltan un golpe psicológico que deja una vibra bastante pesada incluso cuando ya están rodando los créditos. Es la opción ideal si se busca algo de terror diferente, contundente y que realmente cumple con el objetivo de quedarse en la mente un buen rato después de terminar la función.