Stephen King es sinónimo de historias. Sean buenas, excelsas, malas u olvidables, es bien sabido que es una máquina del chambeo. Tal vez el cine no ha hecho el mérito posible para enaltecer lo suficiente sus obras adaptadas a la pantalla grande, pero no podemos negar que el señor es un monstruo (metafóricamente) de crear sucesos desde una simple idea, y Camina o Muere es el ejemplo perfecto.

En un futuro (o pasado) en donde Estados Unidos se está recuperando de una guerra que sucedió en tiempos recientes, 100 adolescentes deben de ser reclutados para participar en un marcha anual, donde un ganador recibirá lo que quiera. De verdad, lo que él deseé. Pero para ganar hay una sola condición: no pueden dejar de caminar, si no recibirán un disparo fulminante.
Aquí entra la historia de Ray Garraty (Cooper Hoffman), un joven con todo un futuro por delante, donde tiene el deseo de ganar el concurso impulsado por la venganza, y con una extraña obsesión por “The Mayor” (Mark Hamill) y las motivaciones que sigue detrás de este concurso televisado para toda Norteamérica.

Las películas deberían de ser así de simples, pero efectivas. No hay nada más honesto que el nombre de una película sea el meollo de toda la situación, porque el título es tal cuál eso de la película: caminas, o mueres. Pero este concepto tan básico es muy efectivo y tan bien manejado, que interpola emociones mientras ves a, literalmente, gente caminar.
Esta obra originalmente llamada “The Long Walk” nació de la prolífica mano Stephen King nació en 1979, y el director Francis Lawrence, que es un maestrazo para las adaptaciones, decidió que era tiempo de hacerle los honores a King adaptando este libro. Si les suena el nombre, es el mismo que trajo al cine la exitosa saga de libros Los Juegos del Hambre, así como Soy Leyenda (otro librazo) y Constantine, por lo que su nombre ya es garantía de una gran adaptación a la pantalla grande.

Los personajes no hay nadie que sobre, ni algo que falte. En los siguientes años veremos nombres como el de David Jonsson, Ben Wang o el mismo Cooper Alexander Hoffman compitiendo los m{as grandes premios de la industria, porque que señores interpretaciones hacen. Y ni que decir de Mark Hamill, un viejo lobo de mar que cada que tiene oportunidad de interpretar a un papel interesante para dejar atrás la marca de Luke Skywalker, lo toma, y aquí tampoco decepciona, aún con los pocos minutos en pantalla.
Dejando de lado lo sencillo que pudiera ser el título del film, es ver durante casi dos horas la voluntad, el alma y la convicción de jóvenes que aspiraban a tener su deseo, pero que conforme pasan los minutos, y esos minutos se convierten en horas para posteriormente pasar a días, vamos presenciando su degradación mental y física por el simple hecho de seguir y seguir. Y aquí aplaudo de pie el gran trabajo actoral de todos los involucrados, así como la gran dirección de Francis para poder que empaticemos, en tan solo unos minutos, con prácticamente todo el cast.

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By Rafael Di Navarro
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Un tabasqueño muy tapatío. Escritor en proceso de formación. Amante de la lectura y del deleite del 7mo arte. También me gusta el futbol. Superman es la luz.